7 may 2012
¿Y luego de luego de luego de luego de luego de luego de luego, qué?
13 abr 2012
Vida y obra de un ser llamado Serafindo
Señores, soy Serafindo
Yo me llamo Serafindo
Yo soy serafindo,
Habitante del cañón
Soy un hombre sincero
Guiado por mi corazón
Señores, soy Serafindom
El dueño del cañon.
Tengo un rancho viejo
Tengo un rancho viejo
Tengo un rancho viejo
De adobe y de cal
Vivo con mi chinita
Chinita de mi corazón
Tengo un rancho viejo
Más viejo serás vos
Estoy cultivando fresas
Estoy cultivando fresas
Estoy cultivando fresas
Que en verano comeré
Fruto de esta tierra
Que alimenta mi corazón
Estoy cultivando fresas
Y una te convidaré
Mientras sigo engordando el nido
Sigo engordando el nido
Sigo engordando el nido
Que el invierno ya llegó
Tengo algunos leños
Para calentar mi corazón
Sigo engordando el nido
El nido del amor
Voy disparando flechas
Voy disparando flechas
Voy disparando flechas
La misma que te clavé
Flechas envenenadas
Tienen punta de corazón
Voy disparando flechas
La misma me clavaste
Sigo esquivando tiros
Sigo esquivando tiros
Sigo esquivando tiros
Pero alguno me dará
Esos hijos de puta
Apuntan a mi corazón
Sigo esquivando tiros
Pero alguno me dará
Mientras sigo, sigo enloquecido
Sigo, sigo enloquecido
Sigo enloquecido
Enloquecido como ayer
Raíz de esta locura
Que emborracha mi corazón
Sigo, sigo enloquecido
Sigo, sigo enloquecido
Sigo enloquecido
Enloquecido por su amor
Todo es vanidad
“Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, Eclesiastes.
Todo es vanidad
Todo es vanidad
Todo es vanidad
Todo es vanidad
Simple vanidad
Pura vanidad
Lisa vanidad
Llana vanidad
Bana vanidad
Vana vanidad
Todo es vanidad
Bajo el sol
Es la caridad
y la humildad
Lo que nos dará
la felicidad
La simplicidad
Que hay en la bondad
Nos acercará
Hacia la verdad
La fragilidad
De la humanidad
Es su debilidad
Por la falsedad
Pues todo es vanidad
Bajo el sol
La rivalidad
En la adversidad
Alimentará
La agresividad
No es con terquedad
Ni hostilidad
Que se curará
Nuestra soledad
Con austeridad
Y pura voluntad
Se atravesará
Esta tempestad
Ya que todo el vanidad
Bajo el sol
La conformidad
Es mediocridad
Es lo que nos da
Esa frialdad
Deshonestidad
Individualidad
Es la discapacidad
De esta sociedad
Es la necedad
Y la ansiedad
Lo que nos llenará
De esta enfermedad
Mas la necesidad
De sinceridad
Nos conducirá
A la comunidad
Con afinidad
Y generosidad
Se basamentará
Nuestra amistad
Aunque sea vanidad
Todo vanidad
Es que yo quiero
Seguir cantando.
Para el caminante
“Para el buen caminante no hay senderos ni destinos”, Lao Tse, Tao Te King
Voy, voy, voy caminando solo
Viajando tranquilo
Nada es como antes
Pienso cuánto tiempo estuve dormido
Ahora estoy despierto volando del nido
Guiado tan solo por el puro instinto
Pues para el caminante no hay senderos ni destinos
Yo soy, soy tormenta del cielo
Yo soy nube y peregrino
Estoy morando en los valles
Ríos y montañas son nuestro cobijo
Ya no paso hambre, ya no tengo frío
Paso unos días, sigo mi camino
Pues para el caminante no hay senderos ni destinos
Es simple y natural como ver salir el sol
Tan simple y natural como ver ponerse el sol
23 mar 2012
Acá en ningún momento, ahora en ningún lugar
28 nov 2011
senti2
discurrision
10 oct 2011
No sabes lo que es sentirse perseguido por ese gigante
24 ago 2011
Empirismo (microcuento)
Ella cerró los ojos y el mundo desapareció.
6 ago 2011
otro avance de Los Sobrevivientes
Vamos caminando a la casa de XXXX porque es su cumpleaños. Le llevamos una torta que hicimos. En realidad no es una torta, sino un tomate gigante, de más de medio metro de diámetro, con relleno de muzarella en su interior. Pero al llegar, no lo encontramos. Entramos en el jardín de su casa y palmeamos, pero al ver que no sale nadie, dejamos el tomate gigante y nos vamos.
Caminamos unas cuadras para atrás y nos tomamos un colectivo. Cuando pasamos frente a su casa, vemos que XXXX está llegando. Le hacemos señas y le gritamos desde la ventanilla del colectivo y nos ve. Entra corriendo a su casa pasando por la puerta blanca de madera, toma su bicicleta y sale pedaleando a buscarnos tan rápido como puede.
La suya es una bicicleta muy particular. En el lugar del volante, tiene una máquina de escribir, y para hacer equilibro y mantener la dirección, tiene que ir escribiendo y completando un poema que había en la hoja cargada en el carrete de la máquina que pertenece a un poeta italiano de nombre Ugo Oggi. Es un juego muy divertido y un ejercicio harto complicado. Pero mientras pedalea con todas sus fuerzas, va escribiendo:
Por fin llega a ponerse al costado del colectivo. Nos grita y se ríe. Pero más adelante lo perdemos cuando se queda en un semáforo en rojo y el colectivo sigue. Vuelve el carrete de la máquina al inicio, y al tipear las primeras palabras, su bicicleta vuelve a andar.
Desde la puerta abierta, con medio cuerpo afuera, lo voy filmando con una camarita. A través de la pantalla, lo veo como una mezcla de Kurt Cobain y Jim Morrison. Cuando va alcanzando el colectivo, pone caras ridículas y graciosas, maneja sin manos, simula que se va a estrellar. Siento que estoy filmando una película que ya se filmó, un deja-vu cinematográfico. Pero todo alrededor es nuevo y somos jóvenes…
Por fin el colectivo se detiene en un semáforo en rojo y Kurt/Jim nos alcanza y nos bajamos. Me pregunto por qué no bajamos antes, apenas lo vimos aparecer, pero es parte de un juego.
En la calle, justo donde paró el colectivo, veo un escrito en el pavimento que dice “Hijo de Dios” o “Hijo del Sol”. No alcanzo a leer bien. Las letras bailan. Miramos una pared alta que interrumpía el paisaje de las casas con jardín. La habían escrito hacía unos años. Mi nombre se encontraba allí.
“Hermano”, dijo Lino, “vos estás con nosotros hace por lo menos 400 meses”.
“Sí, es cierto. ¿Cómo lo sabés?”, le pregunté.
“Miré la fecha del grafiti y saqué la cuenta”.
Nos paramos en la vereda, aún filmando toda la secuencia. Subidos a un poste de luz dos electricistas nos ven y nos gritan y hacen caras para la cámara. Piensan que van a salir en un programa de televisión.
Emprendemos la marcha. Al doblar una esquina, vemos a cuatro vagos que recién se están despertando y se pelean a los gritos. Son cuatro personajes particulares, cada uno tiene su singularidad. Uno tiene una galera. Otro guantes con dedos carcomidos; otro el pantalón atado con un cable de electricidad y el otro un saco sin camisa. Cuando pasamos caminando por vereda entre ellos, nos gritan de todo. El de la galera parece ser el jefe, pero les respondemos con más gritos y nos dejan pasar. Mientras tanto, Lai va registrando toda la secuencia.
Alrededor hay alegría y aire a verano. Kurt/Jim dice:
“Esta es una gran época” o “Esta es una gran década”.
“¿Qué década es, los 60s, los 90s?”
“No”, responde, “el
24 jul 2011
Images
16 jul 2011
de Anegdota (se escribe como se dice)

19 jun 2011
Swammi Ranasaltán
12 jun 2011
Anegdota, -se escribe como se dice- capitulo 0

Escribir, antes, -si no supe aprovechar el tiempo que duró –era un trabajo, como de oficina, es más, era un trabajo de oficina, a la cual entraba a eso de las nueve de la mañana café en mano y me ponía a divagar entre papeles y garabatos de palabras hasta la hora de comer, y luego vuelta al papeleo y al palabrerío obligado. Así como suena, rutinario, obligado por la necesidad de comer de esta fuente, de un sentimiento que a fuerza de días y horas de dedicación iba tomando forma y color hasta parecerse a una novela, espejo del esfuerzo de mi trabajo. Los resultados, los de esperarse, una estética lograda a base de presiones y vacío emocional, de carácter corporativo, una novela muy parecida a la que todo el mundo que alguna vez hubo deseado ser escritor, o fantaseado con esa posibilidad pero sin estar dispuesto a gozar del sufrimiento del esfuerzo que conlleva, quiso escribir, pero en definitiva jamás concluyó. Me incluyo, puesto que jamás he terminado de escribir esta novela, y en esencia creo que nunca la voy a terminar de escribir, porque si estuviera, por obra de algún apuro lleno de ansiedad o de una decisión apresurada, externa, interna o lo que fuere, concluida, creo que no sería más esta novela con la que muchos sueñan y nunca la alcanzan; el sueño ahora sería realidad y se desintegraría como el azúcar el en café de la mañana, y sin dudas sería un café aguachento sin gusto ni gracia. El problema principal reside en que el encanto de esta novela se aloja en la eterna reescritura, como desear ser siempre joven o que un sueño no acabe y no nos arranque de la cama, pero que en definitiva, de lo único que habla es de eso.
Como he dicho, la concepción de este tipo de escritura, llegó a su fin, y posiblemente o no, jamás se podrá medir tan certeramente, supe aprovechar lo que fue. El lado positivo de pensar una escritura trabajo es que uno a un trabajo puede renunciar o ser despedido, lo que implica el fin de la relación laboral que mantenía unido a las dos partes: empleador-idea de novela y empleado-voluntad de escritor. Cabe agregar que a mí los trabajos jamás me duraron más de seis meses, en principio, por la dinámica laboral de este mundo falto de las seguridades que caracterizaban a los trabajos en el pasado; y siguiendo por mi necesidad de cambiar de estilo de vida cada medio año, lo insoportable de la rutina diaria que con tanto esmero construia y luego un buen día donde las oportunidades llegaban a mí como puertas que se abrían en mi cabeza, la destruía con el mismo esmero, que nada quedaba de lo sembrado.
Luego escribir se tornó con la vivencia de ciertas experiencias y el paso implacable del tiempo en un deber. Lo supe en el mismo instante en que quise darle la espalda a una historia que no quería contar, y al momento de disponerme a desechar el producto de la escritura de años de intermitente trabajo por considerarla imposible y absurda, no desaparecía, no se desvanecía ni se resignaba a quedar olvidada en el pasado como tantas otras veces había sucedido. La historia quería ser contada a toda costa, me obligaba a quedarme pensando en ella y no se iba. Y en esa lucha de intereses opuestos, de riñas interminables a las tres de la mañana, le di la espalda. No sirvió de mucho, porque enseguida, al voltear, me di cuenta que seguía ahí: no era como en los trabajos que una vez que te vas, ya no tenés que seguir viéndole la cara al de al lado a las siete de la mañana, lagañoso, malhumorado y con mal aliento. No. El deber de escribir, la historia me miraba por la espalda. Sentía cómo me clavaba su mira en la nuca, y ni un instante durante el día o en un momento de baja guardia a la noche, me dejaba de acusar. Al mirarla a la cara, conocí la necesidad y un poco la desesperación. Y al intentar escribir, no buscaba sino algún tipo de reconciliación con aquello que volvía a mí sin ser llamado. Luego busqué el desahogo y el sosiego; la extremaunción, la expiación y la salvación. La sanación, la curación y el renacimiento también fueron todos estados puros de mi alma por los que tuve que atravesar para poder hoy sentirme libre de todo sentimiento mundano y entorpecedor del trabajo de la creación.
5 jun 2011
de Anegdota, eterna novela inconclusa
Todo comienza con un despertar o con un simple abrir de ojos, un ojo gigante, que, si estuviésemos mirando la pantalla de un cine, se convertiría en algo surrealista, algo que sería un ojo hermoso, celeste, preciado, y pronto pasaría a ser un ojo hermosamente gigante, luego, monstruosamente gigante, y finalmente, sólo monstruoso, mirando con expresión vertiginosa, hacia la nada, hacia el cosmos, al reversible reflejo de lo real condensado en el infinito punto negro que brilla en el ojo. Ese ojo contiene toda la historia del universo en eterno movimiento, su espiralada rotación que hace eje en su pupila que se dilata a cada big bang que estalla cada pocos segundos, mientras las estrellas giran haciendo breves círculos, desapareciendo y dejando un rastro de humo.
Ese ojo que se abre es todo lo que cuenta por el momento al comenzar por el principio de todo (no olvidar ¡cómo! que uno comienza diciendo ‘todo comienza’; ¿quién puede imaginarse o llegar a pensar ‘eso’?, ¿cuándo comienza un todo?) Ni empieza ni termina, se sucede instantáneamente ahí donde no había nada y ahora hay un ojo que a penas se abre, obtiene el todo con un solo vistazo arrojado hacia el cielo, pero cuando el vistazo regresa a su origen, el todo se desvanece y de a poco se vuelve al mundo que se abandonó muchas horas atrás.
11 may 2011
El leopardo en el Mástil
La esfinge
8 may 2011
Budin Magico
Yendo por una ruta en auto, me detengo en un lugar de entretenimiento muy llamativo. Paro el auto.
Paso a una cocina, un tipo, el presentador, hace una mezcla de budín. Mientras me habla, me hace probar la masa todavía cruda. Me hace creer que me va a pegar raro , pero luego se desmiente y dice que eso solo un budín. Para matar la espera hasta que se cocine el budín, me invita a ver una película, un video formativo. Pasamos a una sala de cine, con una gran pantalla y tres grupos de butacas divididas por dos pasillos. Hay mucha otra gente ya ubicada en el primer grupo de butacas, esperando a que empiece la proyección. Estan ahí por la misma razón que yo. Cuando empieza la película, las primeras imágenes que se ven causan una euforia incontenible en los espectadores, que se paran asombrados por lo que están viendo, claro efecto producido por el budín que todos acabamos de comer. Pero los que están en las butacas del fondo no pueden ver que es lo que pasa porque los de adelante tapan, fuera de si, toda la pantalla. Se escuchan gritos de “abajo!” y todos comienzan a protestar. El presentador enciende las luces y anuncia que la película va a comenzar nuevamente, y que los que quieren, pueden ir a sentarse a las butacas vacias que están mas cerca de la pantalla. Este falso arranque parece haber sido una prueba para poner al descubierto la reacción de los espectadores que ingirieron el budín.
Todos se reacomodan en las butacas de manera dispersa. Entre el publico, puedo ver gente joven y gente adulta. Me siento en el medio de una fila de butacas vacias. Una chica se acerca y se sienta en la punta, no muy lejos de mi, pero luego se para y busca un mejor lugar. En su lugar, dos parejas de padres de alrededor de cuarenta anios vienen a sentarse y no pueden evitar charlar brevemente acerca de la experiencia que acaban de tener. Yo los escucho involuntariamente, y constato que vivieron la misma intriga que yo, si el budín verdaderamente pegaba o no. Uno de los padres dice: “Suerte que dijo que era solo un budín… sino, vos sabes como te labura el bocho con esas cosas…”
La función va a comenzar nuevamente. La escena se situa en una casa. Hay dos parejas de padres con sus respectivos hijos. Las esposas se llevan a sus hijos al cine y quedan los dos hombres en un encuentro entre amigos. Charlan sobre una experiencia que vivieron en un viaje en el que llegaron por casualidad a aquel budín mágico del cual comieron. Ahora mismo están calentando lo que les quedo de budín de aquella vez para realizar la experiencia nuevamente.
Uno de los dos hombres, interpretado por Nicolas Cage le surgen dudas acerca de si ingerir nuevamente el budín mágico. Pero su amigo lo tranquiliza con unas palmadas en el pecho. Esta en su naturaleza preocuparse demasiado. Por fin comen un pedazo y salen al jardín. Este se ha vuelto salvaje y fantástico. Un elefantito tamanio perro pasa corriendo por la pared de la medianera. Se puden ver arboles completamente locos. Aparece un zorrino amistoso, semejante a un gato y se deja acariciar con mucho gusto. Las plantas están vivas y sienten todos los estimulos, como el sol, la compañía o si les cantan, y cuando las riegan se rien y se sacuden de las cosquillas que les agarran.
7 may 2011
images, revista, utilidades




6 may 2011
La bomba del miedo
Me encontraba en una escuela, por la noche, concurriendo a una conferencia que se realizaba fuera del horario de clases, ya concluida y retirándome entre un grupo disperso de personas, cuando tomo conocimiento de que la escuela había sido sitiada por un grupo de terroristas. No podías verlos, se refugiaban entre las sombras, caminaban por los techos y se deslizaban por los huecos de los ascensores para conseguir entrar al edificio. No llevaban armas, ya que su objetivo no era el de asesinar personas; ese no era su trabajo. Se habían infiltrado ocultamente para lanzar unas bombas que eran las armas más avanzadas y despiadadas que se habían fabricado hasta el presente. Las llamaban “bombas del miedo” porque una vez que se activaban, producían en todo aquel que se encontraba en su zona de influencia, un miedo indescriptible jamás sentido, violento e irrefrenable que no dejaba otra salida más que el suicidio. Con este artefacto macabro ya no eran necesarias las balas para aniquilar humanos, ya que una vez que entraban en contacto, lo hacían por ellos mismos. Esta bomba despedía mediante el olor una sustancia química que activaba en el cerebro la más horrorosa de las sensaciones que una persona había sendito en su vida y había deseado no volver a sentirla más.
Estábamos evacuando el edificio, primero de manera ordenada, pero cada vez más a modo de estampida producto del pánico una vez que las bombas comenzaban a surtir efecto, cuando vi a uno de los terroristas subidos al techo del patio que yo atravesaba, tres pisos hacia arriba. Estaba completamente vestido de negro, pero pude ver el preciso momento en que dejaba caer una de sus objetivos muy cerca de mí. Así pude ver cómo era la bomba del miedo. Tenía el tamaño y la forma de una granada de mano, pero era transparente y de una consistencia gelatinosa. Al verla en el suelo pude comprobar que no se había destruido completamente a pesar de la altura de la caída. Sólo se había rajado a la mitad. La tomé entre las manos con la esperanza de que hubiera sido un ataque fallido y corrí fuera del edificio lo más rápido que pude. Una vez afuera, la arrojé con todas mis fuerzas a un terreno baldío que había junto a la escuela, pero a pesar de mi terrible esfuerzo, no conseguí hacerla pasar el alambrado y se desarmó antes que tocara el piso.
Miré alrededor un segundo y me di cuenta que no se trataba de un terreno baldío sino el patio trasero de una casa. Por todos lados las personas desesperaban, no sabían cómo proceder, a donde huir del espanto que los carcomía por dentro. Entonces comencé a sentirlo yo mismo, cómo en el pecho se abría un agujero negro por el que me iba cayendo, al tiempo en que la desesperación se hacía presente, y a pesar de saber que se trataba de una reacción química, no sabía dónde podría encontrar refugio para soportar la pesadumbre que me sobrepasaba y se adueñaba de mi ser.


