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7 may 2012

¿Y luego de luego de luego de luego de luego de luego de luego, qué?


Hace tiempo que P y Kun habían comenzado a poner en práctica un experimento onírico que habían estado elucubrando noches y mañanas, intentando desentrañar los misterios que ocurrían en esos momentos luego de cerrar los ojos casi al mismo tiempo y antes de abrirlos nuevamente, narrando sus sueños, e intentando hallar los invisibles filamentos que los conectaban y daban algún lejano indicio de esa oculta conexión.
Esa noche, como tantas otras noches antes de quedarse dormidos, dijeron sus oraciones e hicieron las visualizaciones para inducir el sueño en el que se encontraran. Primero, con los ojos cerrados aun en el estado de conciencia cerebral, se proyectarían a sí mismos como esferas resplandecientes de energía violeta, luego, adentrándose un poco hacia el subconciente, las esferas comenzarían a vibrar tan alto como pudieran y a elevarse hacia el negro cosmos, abandonando de a poco el cuerpo físico relajado en la cama, con los brazos entrecruzados, y finalmente, de una manera casi imperceptible, caerían allí, en ese espacio tan grande como infinito, donde la verdadera aventura de encontrarse comenzaría.
P le da a Kun un papel con unas líneas que acaba de escribir; dice: 
“Cuando desperté, todavía allí estaba el dinosaurio”
y Kun lee:
“Cuando aquella otra tarde desperté de una siesta inducida por una hipnosis que me provocaba el goteo incesante de una canilla mal cerrada en el baño, que atravesaba toda la sala, el comedor y llegaba hasta la cama en la que me encontraba acostada, abrí los ojos producto del sobresalto causado por un extraño y peculiar sueño que aún palpaba a flor de piel...”
Comienza el sueño.

13 abr 2012

Vida y obra de un ser llamado Serafindo

Señores, soy Serafindo

Yo me llamo Serafindo

Yo soy serafindo,

Habitante del cañón

Soy un hombre sincero

Guiado por mi corazón

Señores, soy Serafindom

El dueño del cañon.


Tengo un rancho viejo

Tengo un rancho viejo

Tengo un rancho viejo

De adobe y de cal

Vivo con mi chinita

Chinita de mi corazón

Tengo un rancho viejo

Más viejo serás vos


Estoy cultivando fresas

Estoy cultivando fresas

Estoy cultivando fresas

Que en verano comeré

Fruto de esta tierra

Que alimenta mi corazón

Estoy cultivando fresas

Y una te convidaré


Mientras sigo engordando el nido

Sigo engordando el nido

Sigo engordando el nido

Que el invierno ya llegó

Tengo algunos leños

Para calentar mi corazón

Sigo engordando el nido

El nido del amor


Voy disparando flechas

Voy disparando flechas

Voy disparando flechas

La misma que te clavé

Flechas envenenadas

Tienen punta de corazón

Voy disparando flechas

La misma me clavaste


Sigo esquivando tiros

Sigo esquivando tiros

Sigo esquivando tiros

Pero alguno me dará

Esos hijos de puta

Apuntan a mi corazón

Sigo esquivando tiros

Pero alguno me dará


Mientras sigo, sigo enloquecido

Sigo, sigo enloquecido

Sigo enloquecido

Enloquecido como ayer

Raíz de esta locura

Que emborracha mi corazón

Sigo, sigo enloquecido

Sigo, sigo enloquecido

Sigo enloquecido

Enloquecido por su amor

Todo es vanidad

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, Eclesiastes.


Todo es vanidad

Todo es vanidad

Todo es vanidad

Todo es vanidad


Simple vanidad

Pura vanidad

Lisa vanidad

Llana vanidad

Bana vanidad

Vana vanidad


Todo es vanidad

Bajo el sol


Es la caridad

y la humildad

Lo que nos dará

la felicidad


La simplicidad

Que hay en la bondad

Nos acercará

Hacia la verdad


La fragilidad

De la humanidad

Es su debilidad

Por la falsedad


Pues todo es vanidad

Bajo el sol


La rivalidad

En la adversidad

Alimentará

La agresividad


No es con terquedad

Ni hostilidad

Que se curará

Nuestra soledad


Con austeridad

Y pura voluntad

Se atravesará

Esta tempestad


Ya que todo el vanidad

Bajo el sol


La conformidad

Es mediocridad

Es lo que nos da

Esa frialdad


Deshonestidad

Individualidad

Es la discapacidad

De esta sociedad


Es la necedad

Y la ansiedad

Lo que nos llenará

De esta enfermedad


Mas la necesidad

De sinceridad

Nos conducirá

A la comunidad


Con afinidad

Y generosidad

Se basamentará

Nuestra amistad


Aunque sea vanidad

Todo vanidad

Es que yo quiero

Seguir cantando.

Para el caminante

“Para el buen caminante no hay senderos ni destinos”, Lao Tse, Tao Te King


Voy, voy, voy caminando solo

Viajando tranquilo

Nada es como antes


Pienso cuánto tiempo estuve dormido

Ahora estoy despierto volando del nido

Guiado tan solo por el puro instinto

Pues para el caminante no hay senderos ni destinos


Yo soy, soy tormenta del cielo

Yo soy nube y peregrino

Estoy morando en los valles


Ríos y montañas son nuestro cobijo

Ya no paso hambre, ya no tengo frío

Paso unos días, sigo mi camino

Pues para el caminante no hay senderos ni destinos


Es simple y natural como ver salir el sol

Tan simple y natural como ver ponerse el sol

Simple, simple y natural

23 mar 2012

Acá en ningún momento, ahora en ningún lugar

Al atardecer llegamos, Yagui y yo, al pueblo, luego de haber caminado durante días o semanas. Casualidad o no, este era el lugar al que teníamos encomendado llegar. Es un pequeño poblado entre las sierras. El aire que se respira es puro y las colinas están vestidas de bosque.
Vemos a los primeros pobladores caminando a un costado de la calle de piedra. Algunos salen del bosque con un atado de leña al hombro, otros, trayendo pieles o cosecha de frutas.
Durante los días que venimos viajando, estuvimos escuchando una música dulce de guitarra en el aire; desconocemos su procedencia. A medida que nos adentramos en el pueblo y llegamos a la plaza, vemos bajo un árbol, al trovador, autor de las melodías y de las historias que vamos forjando en el camino, la música de fondo que escuchamos y que va contando las aventuras de nuestros sueños.

Estos dos amigos
Que vienen llegando
Es largo su viaje
Jamás ha comenzado
Cargando su cuerpo
Llevan entre los brazos
Ya desde lejos ellos
Veo que van llegando
Traen los pies cansados
Siglos de andar a cuestas
Siglos de estar cantando
Soy trovador de aventuras
Algo de juglar y payaso
Voy narrando su historia
Sin risa ni llanto
Solo una pasión calma
Colma el negro manto
De la noche ellos caminan
Mientras de día yo callo
Como si yo mismo fuera
El autor de este canto
Pero es que sus aventuras
Solas se van narrando
Yo de paso los miro
Y comento mientras tanto

Yagui, siempre acorde a su cualidad de observador, apuntó un dedo hacia arrba y señaló:
-Mirá el cielo rosa dorado.
Tres rayos golpeaban contra las nubes y torcían su rumbo. Otras nubes, azules, naranjas y verdes, parecían recostarse sobre el respaldo del cielo como una tela fresca que estaba siendo pintada en ese mismo momento, a medida que se desplazaban con un viento violáceo y amarillo. Entre estas, nuevos surcos de color se iban formando con el trazo de un pincel, modificándose suave y constantemente con el accionar de la mano del Gran Pintor, que aguardaba desde su invisibilidad.
-Será mejor que vayamos buscando un lugar para dormir antes que caiga el telón negro.
Reanudamos nuestra marcha luego de la pausa. En las primeras casas que aparecieron, llamamos a la puerta pidiendo alojamiento, o en su defecto, un trozo de pan.
Caminamos por un sendero de chacras y conseguimos que nos dieran un poco de queso y algo de leche con miel. Pero por el momento, no teníamos suerte con el hospedaje. Quizá se debiera a que llevábamos meses sin bañarnos ni afeitarnos y que nuestro aspecto y aroma intercedía en nuestra contra. No obstante, seguimos avanzando.
Las casas comenzaban a presentarse de manera más espaciada hasta que casi desaparecieron. Nos sentimos cansados de tanta caminata, aunque al menos, algo habíamos comido. Eso nos dio un poco de fuerza para continuar el camino hasta el próximo poblado.
Caminamos varios kilómetros antes que aparecieran las primeras luces desde la ruta. Al parecer, no se trataba de otro pintoresco pueblo como el que habíamos dejado atrás, sino que se trataba de una ciudad. Al adentrarnos, nos hallamos dentro de un barrio industrial, oscuro y algo tenebroso. Las calles estaban sucias, repletas de basura y otroso desperdicios. No había ningún hueco, baldío, puerta o ventana sin enrejar o alambrar. Habíamos llegado muy tarde, y a esta altura, estábamos exahustos y necesitábamos sitio para descansar.
Luego de andar un poco más, dejamos la zona industrial para adentrarnos en un barrio residencial, muy distinto al anterior. Nos paramos frente a una gran casa, una mansión detrás de una reja alta. Para nuestra sorpresa, la reja estaba abierta, levemente entornada. Eso nos hizo pensar que posiblemente allí seríamos bien recibidos. Pasando la reja, se abría una escalinata marmolada que se curbaba en su ascenso hasta una gran puerta doble de madera maciza y grandes trabajos con metal. Todo alrededor, un tupido jardín con plantas exóticas que se interrumpían solo en el camino hasta la entrada. Pasamos y al llegar a la puerta, llamamos.
Luego de un instante, la gran puerta se abrió y una señora apareció exclamando:
-¡Shakhim Shakham, hermanos Yagui-Yago! Los estábamos esperando.

28 nov 2011

senti2

en cuanto a los sentidos, a la percepcion, en lugar de reducirse los canales de enrada de informacion dekl humano,, se van a amplaiar en lugar de reducirse.

nos componemos basicamente de 5 sentidos, que son distintas partes del cuerpo con las que recibimos lo extrerno para internalizarlo. se habla de un 6to sentido, que es una percepcion de una realidad oculta, anomala, no ordinaria, aparte de la que los 5 sentidos perciben. los x-men nos hablan de un 7mo sentido, la comunicacion entre mentes por otro 1/2, sin el oido ni la palabra. tambien, la capacidad de mover objetos a distancia, o sea sin el tacto. hay otros sentidos que aun no conocemos, pero que no estan lejos de nosotros si aprendemos a usar el 80% del cerebro que permanece dormido.

hace unos siglos ya se planteó la apertura de las puertas de la percepcion. hace unas decadas, se comenzó a llevar a cabo, hace unos años que ya se practican. dentro de unos meses, veremos que ese desarrollo de los sentidos nos permitirá estar acorde con las exigencias de una nueva realidad.

se habló de apagar algunos sentidos, como el olfato (organo estrictamente ligado con una zona remota de la memoria que puede vivificarse a niveles increibles cuando entra en paralelo con ciertos aromas guardianes de imagenes). debemos recordar que algunas personas nacen o se vuelven ciegas o sordas o mudas o pierden el sentido del tacto y no sienten dolor, pero solo para desarrollar otros sentidos y llevarlos a niveles que van mas alla de lo normal. con lo cual, si perdemos el sentido del olfato o el tacto, quiza florezca otro, en este sentido.

discurrision

A ver, empecemos del principio para ver como llegamos al homo virtualum, porque se habla de los sentidos, de la pérdida de alguno de ellos y de la creacion de mundos desde la mente. todo esto puede ser en parte cierto, y posible a que suceda en un futuro no muy lejano, pero tambien es confuso. el hombre tiene la capacidad de ver el futuro porque es él mismo quien crea su futuro; la clave es crear con los ojos abiertos.

a tierra es un planeta fabuloso, puede hallarse de todo y para todo. todas las etapas de la evolucion humana, animal vegetal o mineral. todas se encuentran resumidas en el hombre, que al mismo tiempo se alimenta de todas ellas de manera conciente. tal es asi que podemos encontrar hombres en estado salvaje o en estado vegetativo, hombres-roca, hombres-dios (pura conciencia, los que no pretenden sino ser), o todos juntos en distintas etapas o momentos del dia. ¿quien no querria vivir en este mundo maravilloso? yo me pregunto para que el hombre quiere ir a la luna o marte en naves espaciales, si puede hacerlo en naves no-espaciales, no-temporales, en sueños, en forma de meteorito o polvo de estrella.

en este mundo al que vienen a materializarse las almas, podemos tener todo: paz, guerra, amor, frio, amistad, indiferencia. todo lo hacemos porque queremos hacerlo. sino
simplemente, lo dejariamos de hacer. pero por algo existen estos sentimientos. el unico problema es que no sabemos disfrutar de cada una de estas cosas, de estos estados
del alma. Y eso, disfrutar, es nuestra unica obligacion/tarea/proposito mientras estemos aca. no es ser feliz o buscar erradamente la felicidad o autosuperarse o hacer el bien.
el bien, el mal no existen (como tales):(es nuestra mente dual la que asi traduce dos concenptos complementarios, no antagonicos):(la ayuda y la dificultad/limitacion).


6 ago 2011

otro avance de Los Sobrevivientes

Vamos caminando a la casa de XXXX porque es su cumpleaños. Le llevamos una torta que hicimos. En realidad no es una torta, sino un tomate gigante, de más de medio metro de diámetro, con relleno de muzarella en su interior. Pero al llegar, no lo encontramos. Entramos en el jardín de su casa y palmeamos, pero al ver que no sale nadie, dejamos el tomate gigante y nos vamos.

Caminamos unas cuadras para atrás y nos tomamos un colectivo. Cuando pasamos frente a su casa, vemos que XXXX está llegando. Le hacemos señas y le gritamos desde la ventanilla del colectivo y nos ve. Entra corriendo a su casa pasando por la puerta blanca de madera, toma su bicicleta y sale pedaleando a buscarnos tan rápido como puede.

La suya es una bicicleta muy particular. En el lugar del volante, tiene una máquina de escribir, y para hacer equilibro y mantener la dirección, tiene que ir escribiendo y completando un poema que había en la hoja cargada en el carrete de la máquina que pertenece a un poeta italiano de nombre Ugo Oggi. Es un juego muy divertido y un ejercicio harto complicado. Pero mientras pedalea con todas sus fuerzas, va escribiendo:

Por fin llega a ponerse al costado del colectivo. Nos grita y se ríe. Pero más adelante lo perdemos cuando se queda en un semáforo en rojo y el colectivo sigue. Vuelve el carrete de la máquina al inicio, y al tipear las primeras palabras, su bicicleta vuelve a andar.

Desde la puerta abierta, con medio cuerpo afuera, lo voy filmando con una camarita. A través de la pantalla, lo veo como una mezcla de Kurt Cobain y Jim Morrison. Cuando va alcanzando el colectivo, pone caras ridículas y graciosas, maneja sin manos, simula que se va a estrellar. Siento que estoy filmando una película que ya se filmó, un deja-vu cinematográfico. Pero todo alrededor es nuevo y somos jóvenes…

Por fin el colectivo se detiene en un semáforo en rojo y Kurt/Jim nos alcanza y nos bajamos. Me pregunto por qué no bajamos antes, apenas lo vimos aparecer, pero es parte de un juego.

En la calle, justo donde paró el colectivo, veo un escrito en el pavimento que dice “Hijo de Dios” o “Hijo del Sol”. No alcanzo a leer bien. Las letras bailan. Miramos una pared alta que interrumpía el paisaje de las casas con jardín. La habían escrito hacía unos años. Mi nombre se encontraba allí.

“Hermano”, dijo Lino, “vos estás con nosotros hace por lo menos 400 meses”.

“Sí, es cierto. ¿Cómo lo sabés?”, le pregunté.

“Miré la fecha del grafiti y saqué la cuenta”.

Nos paramos en la vereda, aún filmando toda la secuencia. Subidos a un poste de luz dos electricistas nos ven y nos gritan y hacen caras para la cámara. Piensan que van a salir en un programa de televisión.

Emprendemos la marcha. Al doblar una esquina, vemos a cuatro vagos que recién se están despertando y se pelean a los gritos. Son cuatro personajes particulares, cada uno tiene su singularidad. Uno tiene una galera. Otro guantes con dedos carcomidos; otro el pantalón atado con un cable de electricidad y el otro un saco sin camisa. Cuando pasamos caminando por vereda entre ellos, nos gritan de todo. El de la galera parece ser el jefe, pero les respondemos con más gritos y nos dejan pasar. Mientras tanto, Lai va registrando toda la secuencia.

Alrededor hay alegría y aire a verano. Kurt/Jim dice:

“Esta es una gran época” o “Esta es una gran década”.

“¿Qué década es, los 60s, los 90s?”

“No”, responde, “el 2030”.

16 jul 2011

de Anegdota (se escribe como se dice)


A veces fumábamos sentados en el suelo, mirándonos las caras, pasándonos el humo de boca en boca, o mejor, de pulmón henchido a pulmón henchido, de alveolo agitado a alveolo por agitarse. Nos embriagábamos y nos sentíamos gloriosos, escuchando fabulosos pasajes musicales a los que tal vez ella no adhiriera a mi necesaria descripción de esos grandes momentos en los que no me podía contener y largar una perorata de palabras que me llegaban a través de las vibraciones. Ella prefería recostarse y mirar el techo y pensar en el dibujo que haría sobre una tela que pensaba en colgar mientras la imaginaba. Intentábamos hacerlo todo juntos, yo hablando y ella mirando, recostada sobre mi panza oyendo las vibraciones producidas por mi voz, repercutidas en la caja torácica. Hasta que alguno tomaba alguna palabra para iniciar una conversación, generalmente ella, porque yo hablaba hacia la nada hacía tiempo, y de una conversación saltábamos a otra, respondiendo a las puertas que el rinraje que el humo hacía en nuestras cabezas. Había que verla reír, una carcajada pelada y luego una escalada de carcajaditas un poco más peludas y menos guturales. Después, contenía la risa, y para esto, se la tragaba, le bajaba por el esófago hasta el estómago, donde las últimas risitas que habían querido ver la luz se ahogaban en los jugos gástricos. Unos espasmos y el silencio. Yo la miraba, no paraba de calcularla, analizaba cada gesto, cada movimiento que hacía con el cuerpo y cada palabra como un indicio, como una pista de algo oculto que llamaba a que fuera descubierto. En general, todo iba bien, mujer hermosa que responde a los besos que le doy.
-Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo –decía ella
-Vos y yo – le contestaba.
-¡No! Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo.
-Y vos y yo –agregaba.
-Que tonto. Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo.
-¿Vos y yo?
- Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo
Vos y yo, vos y yo, vos y yo, vos y yo.
-¿Yo y vos?
-No hay caso.
Me dio tanta gracia, la manera que lo dijo. Como si no fuera una redundancia y habría que explicitarla. ¿Cuál es la causa de nuestros actos? La Causa. ¿Cuál es la causa de nuestras palabras? Bueno, la Causa. ¿Qué me sostiene? ¿Cuál es el motivo por el cual seguir? ¿Por qué luchar? Me pregunto qué pasaría si concentrásemos nuestros esfuerzos materiales, intelectuales y espirituales en la consecuencia. Ver la causa es como pararse en el tramo de la ola que va creciendo; ver la consecuencia sería atender los vestigios de los castillos de arena que ya no son, que estaban destinados a ser tragados por eso que venía. Entonces, si ella pudo acercarse a lo que fue una respuesta exacta al decir que es la causa de los actos lo que lleva a seguir adelante, que el accionar de su persona tiene como fascinación y motivo la existencia misma de ella caminando por la casa o cantando alcoholizada. Se debería divertir como una loca, mientras yo…
…mientras yo tomaba un wiski asentado en la barra, acodado, haciéndome el hombre y disimulando el trago caliente bajándome por la garganta, fijaba la vista, el oído y cualquier otro sentido restante en ella y la miraba como en una película, como si ella se moviera ahí afuera de mí, a unos tres metros pero estirada y extendida a lo largo de una cinta magnética, proyectada en la pantalla que se hallaba en el punto donde ella ya no me pertenecía, era de todo el público, lo que ella hacía ahí, entraba en una escena teatral absorbida en su esencia solo por mí.

19 jun 2011

Swammi Ranasaltán

Hola, hola!
soy un sapo
felipe me llamo
mejor no digo nada
porque para eso el grillo está
para cantar ha nacido él
y la polilla te dirá al volar
que su sabiduría no es de saltar
pero mi novia la rana nos dirá
que más que nada le gusta nadar
mejor no digo nada y para acotar
con la langosta me pondré a luchar
el tai chi voy a practicar
nunca le pude ganar
al tata dios, amo y señor
a dios, hasta luego, adiós

12 jun 2011

Anegdota, -se escribe como se dice- capitulo 0

Escribir, antes, -si no supe aprovechar el tiempo que duró –era un trabajo, como de oficina, es más, era un trabajo de oficina, a la cual entraba a eso de las nueve de la mañana café en mano y me ponía a divagar entre papeles y garabatos de palabras hasta la hora de comer, y luego vuelta al papeleo y al palabrerío obligado. Así como suena, rutinario, obligado por la necesidad de comer de esta fuente, de un sentimiento que a fuerza de días y horas de dedicación iba tomando forma y color hasta parecerse a una novela, espejo del esfuerzo de mi trabajo. Los resultados, los de esperarse, una estética lograda a base de presiones y vacío emocional, de carácter corporativo, una novela muy parecida a la que todo el mundo que alguna vez hubo deseado ser escritor, o fantaseado con esa posibilidad pero sin estar dispuesto a gozar del sufrimiento del esfuerzo que conlleva, quiso escribir, pero en definitiva jamás concluyó. Me incluyo, puesto que jamás he terminado de escribir esta novela, y en esencia creo que nunca la voy a terminar de escribir, porque si estuviera, por obra de algún apuro lleno de ansiedad o de una decisión apresurada, externa, interna o lo que fuere, concluida, creo que no sería más esta novela con la que muchos sueñan y nunca la alcanzan; el sueño ahora sería realidad y se desintegraría como el azúcar el en café de la mañana, y sin dudas sería un café aguachento sin gusto ni gracia. El problema principal reside en que el encanto de esta novela se aloja en la eterna reescritura, como desear ser siempre joven o que un sueño no acabe y no nos arranque de la cama, pero que en definitiva, de lo único que habla es de eso.

Como he dicho, la concepción de este tipo de escritura, llegó a su fin, y posiblemente o no, jamás se podrá medir tan certeramente, supe aprovechar lo que fue. El lado positivo de pensar una escritura trabajo es que uno a un trabajo puede renunciar o ser despedido, lo que implica el fin de la relación laboral que mantenía unido a las dos partes: empleador-idea de novela y empleado-voluntad de escritor. Cabe agregar que a mí los trabajos jamás me duraron más de seis meses, en principio, por la dinámica laboral de este mundo falto de las seguridades que caracterizaban a los trabajos en el pasado; y siguiendo por mi necesidad de cambiar de estilo de vida cada medio año, lo insoportable de la rutina diaria que con tanto esmero construia y luego un buen día donde las oportunidades llegaban a mí como puertas que se abrían en mi cabeza, la destruía con el mismo esmero, que nada quedaba de lo sembrado.

Luego escribir se tornó con la vivencia de ciertas experiencias y el paso implacable del tiempo en un deber. Lo supe en el mismo instante en que quise darle la espalda a una historia que no quería contar, y al momento de disponerme a desechar el producto de la escritura de años de intermitente trabajo por considerarla imposible y absurda, no desaparecía, no se desvanecía ni se resignaba a quedar olvidada en el pasado como tantas otras veces había sucedido. La historia quería ser contada a toda costa, me obligaba a quedarme pensando en ella y no se iba. Y en esa lucha de intereses opuestos, de riñas interminables a las tres de la mañana, le di la espalda. No sirvió de mucho, porque enseguida, al voltear, me di cuenta que seguía ahí: no era como en los trabajos que una vez que te vas, ya no tenés que seguir viéndole la cara al de al lado a las siete de la mañana, lagañoso, malhumorado y con mal aliento. No. El deber de escribir, la historia me miraba por la espalda. Sentía cómo me clavaba su mira en la nuca, y ni un instante durante el día o en un momento de baja guardia a la noche, me dejaba de acusar. Al mirarla a la cara, conocí la necesidad y un poco la desesperación. Y al intentar escribir, no buscaba sino algún tipo de reconciliación con aquello que volvía a mí sin ser llamado. Luego busqué el desahogo y el sosiego; la extremaunción, la expiación y la salvación. La sanación, la curación y el renacimiento también fueron todos estados puros de mi alma por los que tuve que atravesar para poder hoy sentirme libre de todo sentimiento mundano y entorpecedor del trabajo de la creación.

5 jun 2011

de Anegdota, eterna novela inconclusa

Todo comienza con un despertar o con un simple abrir de ojos, un ojo gigante, que, si estuviésemos mirando la pantalla de un cine, se convertiría en algo surrealista, algo que sería un ojo hermoso, celeste, preciado, y pronto pasaría a ser un ojo hermosamente gigante, luego, monstruosamente gigante, y finalmente, sólo monstruoso, mirando con expresión vertiginosa, hacia la nada, hacia el cosmos, al reversible reflejo de lo real condensado en el infinito punto negro que brilla en el ojo. Ese ojo contiene toda la historia del universo en eterno movimiento, su espiralada rotación que hace eje en su pupila que se dilata a cada big bang que estalla cada pocos segundos, mientras las estrellas giran haciendo breves círculos, desapareciendo y dejando un rastro de humo.

Ese ojo que se abre es todo lo que cuenta por el momento al comenzar por el principio de todo (no olvidar ¡cómo! que uno comienza diciendo ‘todo comienza’; ¿quién puede imaginarse o llegar a pensar ‘eso’?, ¿cuándo comienza un todo?) Ni empieza ni termina, se sucede instantáneamente ahí donde no había nada y ahora hay un ojo que a penas se abre, obtiene el todo con un solo vistazo arrojado hacia el cielo, pero cuando el vistazo regresa a su origen, el todo se desvanece y de a poco se vuelve al mundo que se abandonó muchas horas atrás.

11 may 2011

El leopardo en el Mástil

Fragmento de "Los sobrevivientes"

Me encontré acostado en el mástil de la plaza del barrio, boca arriba, con el cuerpo adolorido. Había vuelto a la ciudad, donde reinaba el hombre, lejos de los peligros de los bosques, de los montes y de las selvas.
-Entonces fue un sueño –fue lo primero que pensé luego de despertar.
Me incorporé con dificultad. Todas las imágenes recientes comenzaron a desaparecer poco a poco, y en unos instantes, no retuve nada de lo que había soñado. En un parpadeo me había olvidado de toda la aventura previa, y solo me quedaba una rara sensación de alivio y extrañeza. Me dolía el brazo derecho. Suponía que se me había entumecido por la mala postura en la que había dormido y por la dureza del mármol que me había servido de cama. Miré el mármol: era el mismo del que estaba hecho el piso del palacio del León. De pronto, comencé a recordar todo desde una lejanía. El palacio donde el León era el rey de lo Impenetrable. Me llevé una mano a la cabeza para recordar mejor, y cuando me toqué el brazo derecho, noté una herida, y recordé al leopardo. Recordé sus ojos con tanta intensidad que me pareció volverlo a ver frente a mí. ¡Y es que estaba frente a mí! Retrocedí asustado al toparme con su cara tan cerca de mí, y el hizo lo mismo. Di unos pasos hacia atrás para contemplarlo mejor, y cerciorarme de que verdaderamente esta allí, al tiempo que él retrocedía unos pasos y adoptaba una expresión de sorpresa en su rostro.
Al principio no entendí, creí que me seguía persiguiendo, y me eché a correr. Pero él también se echó a correr, en dirección contraria a la mía, y me fui a refugiar detrás del mástil. Me agaché para que no me viera y me quedé oculto por unos segundos hasta que recobrara la respiración normal. Estaba realmente asustado. Luego de un momento, asomé la cabeza y pude ver su cabeza que sobresalía por sobre el gran monumento de mármol. De inmediato volví a ocultarme. Si ya me había visto, no tardaría en venir tras de mí. Pensé un momento. Si me echaba a correr por medio de la plaza, a los pocos pasos me alcanzaría con su gran velocidad y me destriparía con sus garras.
Eché a correr por el otro costado del mástil, pensando en que él me buscaría por el lado donde había despertado. Pero no. Él optó por tomar el mismo costado que yo, y a los pocos pasos nos encontramos nuevamente. Antes de seguir avanzando, volví a mi escondite y el leopardo volvió a esconderse en el suyo. Esta vez probé por el otro costado. Y al mismo tiempo apareció él y volví a chocarme con su cara de idiota. Retrocedí atontado a mi escondite y aguardé un momento. Era tan tonto o tan inteligente como yo. ¿Cuánto tiempo más podría estar evitándolo si no era más que un espejo?
Subí despacio a la parte superior del mástil sabiendo que él también lo haría. De lo alto del poste colgaba una máquina de luces ridículamente antigua. No había otra opción. Quizá fuera una puerta de escape hacia otro tiempo. Salté para colgarme de la máquina, al mismo tiempo que el leopardo saltaba hacia mí, y los dos desaparecimos en el aire.





La esfinge

Fragmento de "Los sobrevivientes"

En los cálidos techos de tejas rojas de las casas suburbanas que nos aglomeraban, nos encontrábamos Yagui, Lino y yo sentados tomando una cerveza en la templada noche intentando conciliar la idea de tranquilidad con nuestra extraña situación actual. Casi ni nos mirábamos los unos a los otros. Apartábamos la cabeza de todo lugar en que nuestra vista se posaba, y por nada del mundo queríamos mirar hacia delante. Allí, muy cerca de nosotros metida entre las casas, había una esfinge gigante, con cuerpo de león y cabeza de mujer, observándonos, esperando a que la mirásemos. Hace un rato largo que estábamos sumergidos en aquella incómoda situación, y los techos habían sido el mejor lugar que habíamos encontrado para soportar esa persecución mental que la esfinge ejercia dentro de cada uno.
Era enorme, estaba echada muy tranquila a pocos metros, y si lo deseaba, con solo estirar su cuerpo, podía devorarnos a los tres de un solo bocado. Pero ese no era su accionar. Simplemente esperaba a que fuéramos a entregarnos a ella, implorando que nos comiera lo más pronto posible para terminar con la confusión intolerable que provocaba su presencia.
Ya no queríamos conversar entre nosotros. Enmudecimos para batallarla en silencio, cada uno desde su interior. ¿Cuánto tiempo más podríamos soportarla? Todo el tiempo me asaltaba la idea de entregarme a ella, saltar del techo y arrojarme entre sus garras y que me despedazara. Pero aún tenía ánimos para resistir aquel combate mental mano a mano. ¿Cómo estarían soportándola mis amigos? Cuando pensaba en ellos, flaqueaba. Debía pensar solo en mí, como ellos pensaban solo en sí mismos.
De pronto Yagui se quebró, se paró en el tejado y se puso a gritarle. Le arrojó el envase de cerveza, pero no logró darle. El botellazo se quedó a mitad de camino y se destruyó en la calle. Entonces saltó del techo sin dejar de gritarle con toda su furia, intimándola a que revelase su verdadera forma para poder atacarla físicamente. Se acercó hasta una de sus patas y con un pedazo de vidrio intentó herirla. Pero al momento en que tocó con una mano uno de sus pelos de piedra, la esfinge, sin dudarlo, agachó su cabeza y lo devoró de un solo bocado, y luego se extinguió en la nada.
Lino y yo nos liberamos de la cruel cadena de sufrimientos que nos tenía tomados por el cuello. Descansamos un segundo, aliviados pero aún atormentados por la desaparición de Yagui. Bajamos del techo y aún en silencio nos pusimos a caminar por las calles del suburbio.






8 may 2011

Budin Magico

Yendo por una ruta en auto, me detengo en un lugar de entretenimiento muy llamativo. Paro el auto.

Paso a una cocina, un tipo, el presentador, hace una mezcla de budín. Mientras me habla, me hace probar la masa todavía cruda. Me hace creer que me va a pegar raro , pero luego se desmiente y dice que eso solo un budín. Para matar la espera hasta que se cocine el budín, me invita a ver una película, un video formativo. Pasamos a una sala de cine, con una gran pantalla y tres grupos de butacas divididas por dos pasillos. Hay mucha otra gente ya ubicada en el primer grupo de butacas, esperando a que empiece la proyección. Estan ahí por la misma razón que yo. Cuando empieza la película, las primeras imágenes que se ven causan una euforia incontenible en los espectadores, que se paran asombrados por lo que están viendo, claro efecto producido por el budín que todos acabamos de comer. Pero los que están en las butacas del fondo no pueden ver que es lo que pasa porque los de adelante tapan, fuera de si, toda la pantalla. Se escuchan gritos de “abajo!” y todos comienzan a protestar. El presentador enciende las luces y anuncia que la película va a comenzar nuevamente, y que los que quieren, pueden ir a sentarse a las butacas vacias que están mas cerca de la pantalla. Este falso arranque parece haber sido una prueba para poner al descubierto la reacción de los espectadores que ingirieron el budín.

Todos se reacomodan en las butacas de manera dispersa. Entre el publico, puedo ver gente joven y gente adulta. Me siento en el medio de una fila de butacas vacias. Una chica se acerca y se sienta en la punta, no muy lejos de mi, pero luego se para y busca un mejor lugar. En su lugar, dos parejas de padres de alrededor de cuarenta anios vienen a sentarse y no pueden evitar charlar brevemente acerca de la experiencia que acaban de tener. Yo los escucho involuntariamente, y constato que vivieron la misma intriga que yo, si el budín verdaderamente pegaba o no. Uno de los padres dice: “Suerte que dijo que era solo un budín… sino, vos sabes como te labura el bocho con esas cosas…”

La función va a comenzar nuevamente. La escena se situa en una casa. Hay dos parejas de padres con sus respectivos hijos. Las esposas se llevan a sus hijos al cine y quedan los dos hombres en un encuentro entre amigos. Charlan sobre una experiencia que vivieron en un viaje en el que llegaron por casualidad a aquel budín mágico del cual comieron. Ahora mismo están calentando lo que les quedo de budín de aquella vez para realizar la experiencia nuevamente.

Uno de los dos hombres, interpretado por Nicolas Cage le surgen dudas acerca de si ingerir nuevamente el budín mágico. Pero su amigo lo tranquiliza con unas palmadas en el pecho. Esta en su naturaleza preocuparse demasiado. Por fin comen un pedazo y salen al jardín. Este se ha vuelto salvaje y fantástico. Un elefantito tamanio perro pasa corriendo por la pared de la medianera. Se puden ver arboles completamente locos. Aparece un zorrino amistoso, semejante a un gato y se deja acariciar con mucho gusto. Las plantas están vivas y sienten todos los estimulos, como el sol, la compañía o si les cantan, y cuando las riegan se rien y se sacuden de las cosquillas que les agarran.

6 may 2011

La bomba del miedo

Me encontraba en una escuela, por la noche, concurriendo a una conferencia que se realizaba fuera del horario de clases, ya concluida y retirándome entre un grupo disperso de personas, cuando tomo conocimiento de que la escuela había sido sitiada por un grupo de terroristas. No podías verlos, se refugiaban entre las sombras, caminaban por los techos y se deslizaban por los huecos de los ascensores para conseguir entrar al edificio. No llevaban armas, ya que su objetivo no era el de asesinar personas; ese no era su trabajo. Se habían infiltrado ocultamente para lanzar unas bombas que eran las armas más avanzadas y despiadadas que se habían fabricado hasta el presente. Las llamaban “bombas del miedo” porque una vez que se activaban, producían en todo aquel que se encontraba en su zona de influencia, un miedo indescriptible jamás sentido, violento e irrefrenable que no dejaba otra salida más que el suicidio. Con este artefacto macabro ya no eran necesarias las balas para aniquilar humanos, ya que una vez que entraban en contacto, lo hacían por ellos mismos. Esta bomba despedía mediante el olor una sustancia química que activaba en el cerebro la más horrorosa de las sensaciones que una persona había sendito en su vida y había deseado no volver a sentirla más.

Estábamos evacuando el edificio, primero de manera ordenada, pero cada vez más a modo de estampida producto del pánico una vez que las bombas comenzaban a surtir efecto, cuando vi a uno de los terroristas subidos al techo del patio que yo atravesaba, tres pisos hacia arriba. Estaba completamente vestido de negro, pero pude ver el preciso momento en que dejaba caer una de sus objetivos muy cerca de mí. Así pude ver cómo era la bomba del miedo. Tenía el tamaño y la forma de una granada de mano, pero era transparente y de una consistencia gelatinosa. Al verla en el suelo pude comprobar que no se había destruido completamente a pesar de la altura de la caída. Sólo se había rajado a la mitad. La tomé entre las manos con la esperanza de que hubiera sido un ataque fallido y corrí fuera del edificio lo más rápido que pude. Una vez afuera, la arrojé con todas mis fuerzas a un terreno baldío que había junto a la escuela, pero a pesar de mi terrible esfuerzo, no conseguí hacerla pasar el alambrado y se desarmó antes que tocara el piso.

Miré alrededor un segundo y me di cuenta que no se trataba de un terreno baldío sino el patio trasero de una casa. Por todos lados las personas desesperaban, no sabían cómo proceder, a donde huir del espanto que los carcomía por dentro. Entonces comencé a sentirlo yo mismo, cómo en el pecho se abría un agujero negro por el que me iba cayendo, al tiempo en que la desesperación se hacía presente, y a pesar de saber que se trataba de una reacción química, no sabía dónde podría encontrar refugio para soportar la pesadumbre que me sobrepasaba y se adueñaba de mi ser.