3 sept 2007

¿Por qué ocultamos a quienes admiramos?

Se pregunta el autor del articulo aparecido en el diario “La opinión de los oprimidos”, publicación de vanguardia poética, en la sección de “Cosas” al final de la seccion de “Deportes”. El artículo dice:
“Yo admiro a mi tío. Jamás lo conocí, o mejor, tuve encuentros con el en una época que todavía no tenia recuerdos, a los dos años. A lo largo de la adolescencia, me fueron llegando objetos de el que marcaron el rumbo hacia donde avanzar. Cuando iba a la casa de mis abuelos, veía las inscripciones en la parrilla de afuera o en las paredes de su cuarto. Me pregunto si ya sabia que ese seria su testamento desoyes de prontamente muerto. Su más poderoso legado, una guitarra electrica simil les paul pero nacional muy trucha, una campera de jean, una colección de casetes (todos firmados por el: PUCHO. V8. LUCHANDO POR EL METAL. MARI TE AMO ’85) de heavy, mezclados con algunos con el programa de radio “cuero pesado”, más tarde, “cuero chivado”, y entre todo eso, las cajitas vacías de Jeremías Pies de Plomo y Esto es una nube, no hay duda, de Vox Dei, en donde en este último, en la tapa había tres tipos con bigotes, sombreros como de campesino y pelo largo, tapados hasta el cuello con una nube. Años más tarde, pude descubrir la música que contenía aquella imagen de otras épocas en esta misma tierra.”


“También recuerdo otro tío, primo de mamá, que sigue vivo, se esconde en las montañas, y si no fuera porque en medio del viaje, yo vomité primero el suéter de mi mamá y luego la banquina de la ruta espiralada que asciende hasta Esquel. Recuerdo[1]. Ruben, me parece que se llama. Nacio el mismo dia que yo, el 13 de diciembre. Es poeta, como muchos en la familia, como el tío Eduardo. En su temprana juventud se fue a vivir al sur y jamás volví a tener noticias de él. Por dios, que vida más emocionante, desaparecer, no tener noticias, el sur! Lo que cualquier campesino del sol desea.”

“Después está el tío Eduardo, que es tío de mamá, que tampoco lo conocí porque se voló la tapa de los sesos porque extrañaba a su difunta mujer. Qué historia. Busqué en los poemas, pero no pude hallar gran cosa, todos son demasiado rígidos, demasiado hablando de las cosas que se veían, quizá por eso se sintió solo. El, a su vez, le había escrito un poema a un tío de él y su hermano, mi abuelo. No recuerdo la razón, pero también había recibido a la muerte extendiéndole su propia mano. Por lo que recuerdo, este tío del tío de mi mamá era un hombre exacto, nunca llegaba tarde. Era rígido también, con la punta del zapato mirando al cielo cuando se paraba para mirar el reloj de bolsillo.
Todos se mataron a sí mismos y se puede decir que también deben cargar con la muerte de sus sobrinos.”

[1] Recuerdo con el incidente del vómito en la ruta, y antes que ocurriera, nos habían prometido un bonobón. Eran blancos, y había uno para mí y uno para mi hermano. Después de lanzar –iba viajando en la parte de adelante porque le habría dicho a mi mamá que no me sentía muy bien, que me alce en upa –ella me dijo que había encastrado los bonobones y que los había tirado. Pero luego, nuevamente en su regazo, tratando de bajar de la marea picada que tenía en la cabeza, pude vislumbrar que ahí seguían, en su bolsillo del pulóver de lana. Durante años, creí que me habían estafado, hasta que el tiempo y la vida me hicieron ver que no me había mentido, sino simplemente no me quiso dar chocolate si me sentía así de mal.
Dimos vuelta en la ruta y volvimos.

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